Por Guillermo Pérez
Santo Domingo, Rep. Dom.
No recuerdo con exactitud la fecha ni las circunstancias precisas del día en que el destino nos colocó para un encuentro en la hora, día y lugar correcto, pero sí sé que ese momento forjó un vínculo de amistad, consideración y respeto imperecedero, un lazo que ha trascendido las palabras para erigirse sobre la sólida muralla de los hechos.
A pesar de eso, lo que sí guardo con absoluta nitidez es el impacto fulminante que provocó en mi espíritu conocer a un ser humano tan excepcional.
Con el paso del tiempo, aquella coincidencia fortuita se transformó en una amistad profunda, impregnada de un respeto solemne y un cariño entrañable, tan limpio y noble que a menudo lo siento como el padre adoptivo que la vida quiso regalarme.
Me refiero a Luis Naut, entrañablemente conocido por todos como "Chito".
He preguntado mucho por la vida y el apego a su pueblo de este grandioso mortal; no sólo en su predio natal, sino en Santo Domingo, donde se cuentan a muchos sus méritos.
Se dice de él que lleva la patria chica grabada en el alma y en el aire que respira. Que su pulcritud no es solo elegancia en el trato, sino transparencia en la intención.
Prometer amar al terruño natal hasta el último suspiro de su vida es firmar un pacto sagrado con las raíces, un compromiso donde el hombre no busca servirse de su pueblo, sino entregarse por entero a él.
Don Chito Naut es un hombre pulcro que ama a su tierra sin reservas, y esa es la máxima expresión del patriotismo verdadero. Mi querido Chito es un hombre que no se pregona con soberbia, sino que se demuestra con la nobleza de una vida puesta al servicio de su pueblo hasta el fin de sus días, como tantas veces ha dicho durante su fructífera vida.
Nació en 1939 en la parte alta del pueblo, Azua, en un hogar humilde del sector del Grupo Escolar Bartolomé Olegario Pérez, la añorada zona de "Los Tanques", entre las calles 19 de Marzo y Hernán Cortés.
Desde allí, abrevando de la dignidad de las cosas sencillas, comenzó a moldearse el hombre que nunca necesitó de la ostentación para ser gigante.
Su sabiduría se confunde con el pueblo. A pesar de haberse formado como licenciado en Economía y destacar en el rigor contable y financiero internacional, representando con orgullo a la República Dominicana ante la Asociación Mundial de Contadores y en foros de Midnell Internacional, "Chito" jamás permitió que el éxito profesional levantara un muro entre él y sus raíces.
Pudiendo vanagloriarse de sus logros, eligió la humildad absoluta. Es un hombre que no exhibe bienes ni méritos; al contrario, prefiere confundirse entre el caminar cotidiano de su gente, compartiendo las alegrías y las penas del vecino, tal como si en el mundo no existiera otra cosa más importante que el bienestar de su pueblo natal.
Verlo interactuar con sus amigos, con los niños de las barriadas y con su amada familia revela el apego sagrado que profesa a los suyos y la devoción incansable que guía cada una de sus horas.
Desvelo por la memoria y el bienestar azuano
Chito Naut no solo ha sentido y amado a Azua: la ha cuidado, la ha documentado y la ha salvado del olvido. Su desvelo por la cultura y el rescate de la memoria colectiva ha producido frutos monumentales que hoy constituyen un patrimonio inestimable para el Sur y para el país.
En su obra Así se vive en Azua (2020), dedicó 314 páginas a inmortalizar a educadores, artistas, poetas y personajes populares de la provincia. Más tarde, en Versos en Azua: Antología poética (2025), reunió el sentimiento de 24 autores locales para mantener encendido el fuego poético de la región.
Me ha distinguido tanto con su amistad y su afecto casi paternal que, mucho antes de que esas obras salieran a la luz pública, ya me las comentaba con entusiasmo.
Se adelantaba a asegurarme que me llegarían fresquecitas y dedicadas, envueltas en esa pulcra y lúcida presentación que siempre ha caracterizado sus detalles.
Estamos hablando de un hombre extraordinario, de un ser especial; de esos mortales impares e irrepetibles nacidos para servir y amar en todas sus manifestaciones.
Chito es un hombre repleto de bondad, ternura y jovialidad, marcado para la compasión. No conoce de rencores, odios ni maldad. Es cercano en el trato, leal a sus amigos y entrañablemente devoto de su familia.
A través de sus invaluables colaboraciones en el periódico Los Remedios de Azua, ha ejercido una verdadera arqueología y microhistoria social.
Sus artículos, que van desde la gesta patriótica del azuano Víctor Féliz Peguero en la Revolución de Abril de 1965, pasando por el análisis de los 42 años de UTESUR, hasta reflexiones urbanas como "El Éxodo de Monte Río", son testimonios vivos que devuelven el orgullo y el sentido de pertenencia a su comunidad.
Más allá de su pluma, su labor comunitaria se traduce en un servicio silencioso hacia familias de escasos recursos e instituciones de base, erigiéndose como un faro de solidaridad y un promotor inalcanzable del valor intangible de su provincia.
Un legado de luz y ejemplo
Acercarme a la vida de Chito Naut ha sido una lección continua de vida. Ver cómo combina la finura del intelectual con el desprendimiento del hombre de bien, y cómo entrega su energía sin pedir nada a cambio, reinterpreta el significado del verdadero liderazgo social.
Hoy, cuando la prisa del mundo moderno amenaza con desdibujar los valores esenciales, la figura de Luis "Chito" Naut se levanta como un recordatorio viviente de que la verdadera grandeza reside en la humildad, en el amor a la familia, en la lealtad a los amigos y en la entrega incondicional a la tierra que lo vio nacer: su amada Azua.
Azua tiene en él no solo a un historiador y economista ilustre, sino a un guardián espiritual cuya huella ya es eterna.
