( Imagen con fines ilustrativos creada por IA*)
Por Yudelis Méndez
El discurso político en República Dominicana ha cambiado de escenario y de tono, mientras la búsqueda de impacto en plataformas como X, TikTok o Instagram, youtube ha llevado a algunas figuras públicas a cambiar el debate de ideas por el insulto directo, la descalificación personal y el uso de lenguaje indecente.
Lo que antes era contenido reservado para discusiones a puerta cerrada o debates acalorados hoy se difunde en videos cortos de hasta 15 segundos, optimizados para viralizarse sin importar el filtro de edad de quienes están al otro lado de la pantalla.
El verdadero problema surge cuando el algoritmo no distingue la edad del espectador. Los niños y adolescentes, que consumen contenidos digitales de forma diaria, quedan expuestos de manera directa al discurso de figuras de autoridad institucional adoptando la violencia verbal como un estándar de comunicación normalizado.
Según los expertos, la exposición constante a referentes públicos que utilizan un lenguaje soez y agresivo genera secuelas en el desarrollo social y psicológico de los menores.
Cuando una figura de autoridad ejerce el insulto para validar su postura, o aumetar sus "likes" en los medios digitales para calificarse a pagos y amazar dinero en sus cuentas bancarias personales, el menor asimila que la agresión es un recurso válido de persuasión y liderazgo.
La descalificación constante debilita el respeto por la diferencia y dificulta la resolución pacífica de conflictos en espacios escolares y familiares.
El uso de vulgaridades sustituye el argumento fundamentado por la descalificación, limitando el desarrollo conceptual del niño.
El vocabulario o las expresiones agresivas observadas en redes son replicadas en el patio escolar o en interacciones digitales entre pares, incrementando conductas de acoso.
Hacer frente a la degradación del lenguaje público en las redes exige que las organizaciones políticas y los organismos electorales fijen códigos de conducta digital que sancionen el uso desmedido del lenguaje obsceno en la comunicación pública.
Se debe formar a los niños en alfabetización digital para que identifiquen que el tono violento de un político responde a necesidades de provocación o búsqueda de atención, y no a un modelo de comportamiento ejemplar.
Hay que implementar herramientas de mediación en los dispositivos y exigir a las plataformas una aplicación más rigurosa de sus políticas contra la incitación al odio y la violencia verbal dirigida a menores.
También se debe promover desde la infancia espacios de diálogo donde la diferencias se expresen con argumentos fuertes y respeto hacia el interlocutor.
La calidad de la democracia se refleja en la calidad de su lenguaje.
