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El Gobierno arruina la educación y el futuro del país
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El Gobierno arruina la educación y el futuro del país

ANA HILDA PEREZ MELO
12 de septiembre de 2026(12 de septiembre de 2026)
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Resulta una burla para la dignidad humana y para el futuro de la nación pretender que nuestros jóvenes alcancen competencias internacionales cuando reciben docencia en planteles escolares totalmente destruidos.

Por Yudelis Méndez

Los recientes resultados de las pruebas PISA 2025 no hacen más que confirmar una realidad inocultable: la educación pública dominicana sigue transitando por la senda del estancamiento y el bajo rendimiento crónico.

A pesar de los intentos oficialistas por maquillar las cifras y presentar mínimas variaciones como grandes revoluciones, el país continúa anclado en el sótano del conocimiento a nivel global, compitiendo tristemente entre los peores posicionados de América Latina.

Obtener puntuaciones tan deprimentes en matemáticas, comprensión lectora y ciencias no es una casualidad matemática ni un problema exclusivo de los alumnos, sino, el reflejo directo de la desidia estatal y de una gestión gubernamental que le ha dado la espalda a la transformación profunda que el sector educativo demanda.

Planteles escolares en ruinas

Uno de los factores determinantes en este preocupante escenario, y que ha sido denunciado de manera reiterada por medios de comunicación como el Listín Diario a través de numerosos reportajes, es el estado calamitoso de la infraestructura escolar nacional.

Resulta una burla para la dignidad humana y para el futuro de la nación pretender que nuestros jóvenes alcancen competencias internacionales cuando reciben docencia en planteles escolares totalmente destruidos.

Las investigaciones periodísticas han documentado con crudeza la realidad de centros educativos carentes de servicios básicos, con filtraciones masivas que convierten las aulas en estanques durante las épocas de lluvias, baños insalubres, butacas rotas y una carencia absoluta de laboratorios y herramientas tecnológicas funcionales.

Un estudiante que acude a una escuela pública bajo el riesgo de que colapse el techo, soportando temperaturas sofocantes por falta de ventilación adecuada o hacinado en espacios inapropiados, carece de las condiciones mínimas indispensables para concentrarse y aprender. La infraestructura escolar no es solo cemento y varilla, sino el primer mensaje de respeto que el Estado debe enviarle al estudiantado. Si las escuelas se caen a pedazos, el aprendizaje también.

Además de las pésimas condiciones físicas de los centros, el bajo rendimiento reflejado en PISA 2025 desnuda fallas sistémicas que el Ministerio de Educación se empeña en ignorar.

Las constantes suspensiones de clases, la incapacidad para cumplir de manera efectiva con el calendario escolar y la falta de estabilidad en el desarrollo de los programas académicos condenan a los estudiantes a recibir un número de horas lectivas muy por debajo de los estándares internacionales.

Aunque existen maestros comprometidos, el sistema cojea gravemente en la actualización pedagógica continua, los incentivos justos y la dotación de recursos didácticos modernos. Sin docentes respaldados y capacitados, la calidad se estanca.

Se implementan cambios burocráticos desde los despachos que no responden a las necesidades reales del entorno socioeconómico del estudiantado, ensanchando la brecha entre lo que se enseña en las aulas y lo que el mundo actual exige.

Una deuda histórica que exige un cambio de rumbo

El sacrificio económico que representa para la sociedad dominicana sostener la inversión del 4% del PIB no se compadece con los magros resultados que arrojan las evaluaciones estandarizadas internacionales.

Los recursos están, pero lo que falta es gerencia, transparencia, priorización del gasto y, sobre todo, voluntad política para transformar el sistema educativo desde la raíz.

Desde la diáspora, observamos con profunda preocupación cómo se hipoteca el porvenir de las nuevas generaciones.

Es urgente dejar atrás la retórica de los planes vacíos y asumir un compromiso real que garantice escuelas dignas, docentes empoderados y un modelo educativo enfocado en la competitividad global. La patria reclama soluciones verdaderas, no excusas estadísticas.

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